No es un dibujo que va al ritmo. MuSeA escucha la canción entera antes de empezar: separa lo que suena, encuentra las notas y con eso levanta una ciudad donde cada instrumento es un edificio y cada nota una ventana que se enciende. Luego la reproduce, y la ciudad se mueve porque se está tocando la música que la construyó.
Cada escena mueve ocho valores a la vez —atmósfera, resplandor, niebla, reflejo del suelo, grano, aberración, órbita y distancia— así que no cambia el color: cambia el sitio.
El panel Estudio Deluxe deja los ocho mandos a mano. No hace falta tocarlos —las escenas ya son sitios acabados— pero están ahí para quien disfrute afinando.
La app va firmada con mi certificado de desarrollador y notarizada por Apple, así que macOS la reconoce y no aparece el aviso de "no se puede abrir porque procede de un desarrollador no identificado". Si te sale, es que la descarga se cortó: bórrala y vuelve a bajarla.
MuSeA nació como un script de Python. La versión de Mac conserva ese motor de análisis y le pone alrededor una app de verdad, en vez de reescribir de cero algo que ya funcionaba bien.